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Ensalada de pasta y atún con calabacín

septiembre 13, 2024
diálogo 
Del lat. dialŏgus, y este del gr. διάλογος diálogos.

1. m. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos.
2. m. Obra literaria, en prosa o en verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes.

3. m. Discusión o trato en busca de avenencia.

¡Menudo melón! Dialogar, qué manido y deslucido y exprimido y espachurra'o de tanto malusarlo y maldecirlo y malquererlo. Recurrimos a él con ahínco y tesón pero casi siempre para usarlo en plan besugo o en modo sordera. Porque a parte de no saber manejarlo, confundimos razones con derechos, con despropósitos, hechos con opiniones, axiomas y verdades reducidas a su mínima expresión, sin contexto alguno, sin na'bueno, y así, a lo tonto, se usa para colarnos mentiras y medias verdades y certezas manipulables con el fin, no ya de entendernos sino todo lo contrario; nos quieren peleados y amorales, nos agitan como avispas en el avispero.

Acabo de leer a un jacho en Twitter y todos sus comentarios, que pretenden ser cátedras del buen saber, están tan llenos de "ismos" que se hace tarea imposible adivinar a donde pretende llegar con tanto nacionalismo, y socialismo y comunísimo y liberalismo y materialismo e individualismo y... y paro que me da fatiga. Y todo ¿pa'qué? pues pa'na, salmuera sin sal, maniqueo puro y argumentaciones plagadas de clichés y nuevas palabras inventadas para decir lo mismo pero sin que lo parezca. ¿Pero por qué no sabemos dialogar?
Pues muy fácil, porque cuesta esfuerzo. Para dialogar hay que ceder la palabra, escuchar admitiendo los argumentos ajenos aunque no los compartas, discrepar con sensatez sin recurrir a la crítica personal, sin poner etiquetas ni prejuzgar. Hay que tener en cuenta los contextos y admitir que verdades hay tantas como razonamientos y experiencias; hay que ser crítico con uno mismo cuando toque sin que ello signifique traicionar tus ideas. En fin, que hace falta un montón de cosas que aburren a la gente porque no da espectáculo y encima te obligan a pensar. !Qué osados!

No me lo tomes a mal, pero como dialogar en un país donde la envidia está tan blanqueada, tanto, que las cosas que uno admira son envidiables y nos hincha de orgullo que alguien nos suelte un "jo, qué envidia me das". El sumun. Un país donde al pasar un ferrari la gente piensa más a menudo con un "anda y que se estrelle" que con un "ojalá yo pueda tener uno". Y encima, somos de dormir con la escopeta cargada que muchas veces uno abre la boca para dar su opinión y se le cose a perdigonazos antes de que pueda exponer sus razones. Y esto no es nuevo, no son los jóvenes, no es ahora. Lee algo del SXIX y te toparás con estos mismos rotos que llevamos a cuestas desde hace qué se yo. Así somos.

“En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. Antonio Machado


Ingredientes para 4:
  • 2 calabacines en trocitos menudos
  • algo de aceite de oliva para saltear los calabacines 
  • sal de especias
  • 400gr. de pasta cocida en agua con sal
  • 1/2 cebolla morada
  • tomates cherry a tu gusto
  • 1 lata de atún en aceite de oliva
  • 1 ó 2 huevos duros
  • aliño: el aceite del atún, vinagre, unas gotas de miel, sal y pimienta

Preparación:
  1. Saltear los calabacines troceados con un poquito de aceite de oliva y sal de especias. Reservar.
  2. Al tiempo, cocer la pasta en abundante agua con sal. Cuando esté al dente, escurrir y escaldar con agua fría.
  3. Pon la pasta en un recipiente y añade todos los ingredientes. Aliña y listo.

Torticas de calabacín y garbanzos

agosto 07, 2024
misericordia 
Del lat. misericordia.

1. f. Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos.
2. f. Pieza en los asientos de los coros de las iglesias para descansar disimuladamente, medio sentado sobre ella, cuando se debe estar en pie.
3. f. sujetalibros.
4. f. Puñal con que solían ir armados los caballeros de la Edad Media para dar el golpe de gracia al enemigo.
5. f. Rel. Atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas.
6. f. p. us. Porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna.

Doña Misericordia, arrogante dama vestida de clemencia, nacida entre golpes de pecho y rezos con todo su teatrillo para burlar a la bondad, esa que nace del alma humana sin paliativos, sin recompensas divinas y sin miedos al tormento en un juicio final. Tan doña y tan divina es, que se siente virtuosa de lo humano y lo divino, la reina de la caridad y la limosna. Tan redicha y henchida que representa el novamás de la santidad espiritual como si fuera un título nobiliario que se puede comprar para asegurarse la entrada al cielo.

Pero los que no creemos en paraísos post mortem, los que sostenemos que después de la muerte no hay nada, conscientes que lo único nuestro es la vida que poseemos, sabemos que donde nace el enternecimiento no es en un templo sino en el corazón y que nuestra alma no pertenece a ningún dios caprichoso y olvidadizo de los más olvidados. Dejo por un momento a ese dios a un lado y me centro en esta señora; si es verdad que existe, si es real y virtuosa ¿por qué existen estas listas negras de emergencias humanitarias año tras año? ¿por qué tantas guerras y conflictos e invasiones? genocidios, apartheids...
Es tristísimo ver cuantísimo mueven las religiones en el mundo, las que tanto hablan de misericordias pero a la vez azuzan a los suyos a hacer el mal. La interpretación de Israel de sus libros sagrados para sembrar tanta muerte; los videos que la iglesia rusa hace rodar entre los soldados que combaten en Ucrania para que crean que dios está de su parte... y todas ellas, las tres herederas de Abraham, justifican y han justificado que los suyos maten sin miedo al castigo divino. Que dios se lo perdona todo si rezan, dicen. 

Porque la misericordia divina es tan espléndida que lo perdona todo si eres lo suficientemente devoto y fervoroso porque así son las cosas; la conciencia y la bondad se entierran en el bienaventurado rezo a un dios que perdona a unos y condena a muerte, tortura y sufrimiento a otros. Porque sí.
“Había necesitado muchos años de sufrimiento y miseria para conquistar los privilegios de la soledad, y no estaba dispuesta a renunciar a ellos a cambio de una vejez perturbada por los falsos encantos de la misericordia.” Gabriel García Márquez, Cien años de soledad.


Ingredientes:
  • 2 calabacines
  • 1 bote de garbanzos cocidos
  • 1 cebolla 
  • ají seco (amarillo o rojo), chile seco o pimiento choricero
  • pan rallado (todo el que te admita)
  • ajo en polvo
  • mejorana u orégano
  • una pizca de comino molido
  • sal y pimienta

Preparación:
  1. Pon a remojar en agua caliente el pimiento, ají o chile seco una media hora antes. 
  2. Pica la cebolla y en una sartén con un poco de aceite la sofríes junto con el ají.
  3. Tritura el calabacín primero, añade después los garbanzos, y el sofrito junto con la sal y las especias. 
  4. Una vez echa una pasta, es hora de añadir el pan rallado. ¿Cuánto? lo que te admita hasta que tengas una masa que se deje manejar. Aunque muy pegajosa tienes que poder hacer bolas con la masa y aplastarlas un poquito.
  5. En una sartén con algo de aceite, colocas la masa y después de un min. más o menos, le das la vuelta y la aplastas con la espátula para darle la forma. Deja que dore bien por ambos lados a fuego medio o medio alto (dependiendo de cada cocina).
  6. Sirve con tu salsa favorita. 

Strudel de patata y rebozuelos o Kartoffel Eierschwammerlstrudel

julio 26, 2024
intensidad 
De intenso.

1. f. Grado de fuerza con que se manifiesta un agente natural, una magnitud física, una cualidad, una expresión, etc.

2. f. Vehemencia de los afectos del ánimo.

Navegando por X di con un comunicado de la policía peruana que decía, textualmente que "Agentes del Departamento de Alta Montaña, tras una intensa búsqueda ubicaron el cuerpo momificado y deshidratado de una persona NN en el nevado de Huascarán". Tuve que releerlo porque no me encajaban las piezas: ¿tras una intensa búsqueda encuentran a la persona momificada? bueno, el escalador desapareció en una avalancha hace 22 años y es ahora, a la que se va deshaciendo el glaciar por el calentamiento, cuando han podido dar con los huesos resecos del pobre hombre. 

No sé si a ti te pasa, pero tiendo a interpretar este tipo de intensidades con rapidez, prioridad; por ejemplo "tras una intensa investigación" "después de un intenso estudio" o "tras finalizar un intenso análisis de" a mí todo me suena a prioridad para ayer pero mira, va a ser que no.

No hay nada en su definición que sugiera brevedad o prioridad sino vehemencia, vigor, magnitud, incluso fuerza. Y es que lo mismo esa impronta en plan proceso concienzudo y veloz me lo he inventado. O no. A lo mejor ya estaba inventado. El caso es que -supongo- los agentes policiales, en su afán de embellecer su dedicación y entrega -que no lo dudo- se agarran a esa vehemencia de los afectos del ánimo porque lo de echarse flores siempre queda heroico y oye, no se debe dejar pasar la oportunidad.
En cualquier caso, el pobre escalador estaba momia y escondido en el hielo durante 22 años. Eran tres. Al primero lo encontraron a los dos años de la avalancha y del tercero, aún no hay rastro. Para la familia habrá sido un alivio enorme recuperarlo pero no encuentro nada épico en el hecho de rescatar un cuerpo sin vida. 

Es de agradecer siempre las labores de rescate que no son nada fáciles y desde luego entrañan peligro para estos profesionales pero me chirría mucho que la foto del pobre hombre aparezca con tan poco tacto en X o en la prensa donde algún medio lo tilda de "turista" en estos tiempos que corren donde el turistilla es la mosca cojonera del SXXI. En fin, que por muy momia que sea, son los restos de una persona que será llorada y añorada con intensidad -aquí sí- por los suyos.   

En fin, tal y como te conté en la entrada anterior, en mi patio se trafica con cosas. Yo tengo super producción de calabacines y mi vecino ha encontrado en algún rincón del bosque un alijo enorme de rebozuelos (Eierschwammerl) y nos estamos poniendo de setas hasta las orejas. Antes de que digas nada, aquí se pueden coger para consumo particular, no para vender. Lo de traficar no queda claro pero mientras no salga de nuestro Hof, aquí paz y después gloria.


Ingredientes:
  • 1 cebolla mediana
  • algo de aceite de oliva
  • 500gr. de setas (rebozuelos)
  • 1/2 vaso de vino blanco
  • 1kgr. de patatas
  • orégano, mejorana, tomillo... lo que quieras
  • algo de pimentón
  • ajo en polvo
  • algo de mantequilla
  • hierbas frescas (perejil, cebollino...)
  • sal y pimienta
  • 2 láminas de hojaldre
  • Para pincelar: leche, nata líquida, yogur o buttermilch

Preparación:
  1. Cocer las patatas con algo de agua y sal unos 15-20minutos a fuego lento.
  2. Picar la cebolla en fino y rehogarla en una sartén grande con algo de aceite. Añadir las setas y seguir rehogando. Añade el vino blanco y las especias, y deja que reduzca casi por completo.
  3. Añade las patatas cortadas en trocitos. Rehoga y añade un poquito de mantequilla para que no queden secas. Salpimienta y añade las hierbas frescas. Reserva.
  4. Precalienta el horno a 200ºC.
  5. Extiende el hojaldre sobre papel de hornear y añade la mitad del relleno. Pliega primero los bordes y después en enrolla dejando el pliegue del cierre arriba (debajo se rompería y se saldría el relleno). Haz lo mismo con la segunda pieza.
  6. Pincela cada pieza y hornea hasta que coja un bonito color dorado.

Pasta con calabacín y jamón york

julio 10, 2024
propósito 
Del lat. proposĭtum.

1. m. Ánimo o intención de hacer o de no hacer algo.
2. m. Objetivo que se pretende conseguir.
3. m. Asunto, materia de que se trata.

Perdona que me ponga tan pesada, sé que llevo una racha requete intensa pero en un mundo con tanto ruido, rabia y dolor dedicar unos minutos al día para reflexionar parece casi un descanso de primeros auxilios para no enfermar con tanto roto. 

Y es que parece que estamos en este mundo por casualidad -y no digo que no- como si fuéramos un pequeño eslabón en la cadena de cosas superiores que no entendemos porque lo cierto es que no tenemos ni pajolera idea del porqué nacemos y morimos. ¿Somos un accidente de la creación?

Supongamos que dios existe: pues entonces somos uno más de sus juguetes. Las distintas religiones dicen que somos sus favoritos pero para ser francos, ningún dios se ha portado cariñoso y protector con la humanidad. Dioses rencorosos, celosos, déspotas... ¡menudo sindiós! y del dios monoteísta, el de las antiguas escrituras, eso ya es de psico thriller. Se estima que en tan trágico libro, dios se carga sin pestañear a casi tres millones de personas, y esto sin contar a las víctimas colaterales, los sin nadie a los que ni dios les dedicó una mirada cuando lo del diluvio, las plagas o los muchos que quemó o enterró vivos por castigos insignificantes o injustos. Y luego nos extrañan las atrocidades y genocidios cometidos en su nombre. Pero a ver, dicen que estamos hechos a su imagen y semejanza.

Ahora supongamos que dios no existe: es decir, que nacemos solos -por lo que sea- y carecemos de propósito alguno, sin objetivos previos, libres para ser o no, porque lo mismo optamos por vivir como zombis. O algo peor. Pero libres. 
Imagina: una copa fue creada para contener un líquido y una sartén para freír comida. Ellos sí que tienen un plan y no pueden aspirar a mucho más. Pertenecen a sus creadores. Pero nosotros no. Imagina qué peligro, una humanidad que tiene la libertad de ser responsable de sí misma con la capacidad de elegir si someternos a otros o no, si vivir con los ojos abiertos o cerraros. La píldora roja o azul de Matrix. 

  ... el hombre empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y después se define. […] El hombre no es otra cosa que lo que él se hace. 
Jean Paul Sartre 

Quizá la libertad es esta falta de propósito prenatal y las metas que nos ponemos en la vida son las etiquetas que nos definen, como dice Sartre. Y quizá la libertad pura es la que conlleva la paz porque nadie queremos que nuestros hijos mueran desangrados en una cuneta o que reviente media tonelada de explosivos en un hospital infantil. No queremos dolor ni olor a escabechina. Si fuéramos libres, lo mismo renegaríamos de esos dioses crueles, caprichosos y vengativos que son el estandarte de los sedientos de poder, los ultranacionalistas que se creen por encima de los demás, superiores y herederos de la tierra a costa de barrer a los ninguneados. 

Si fuéramos libres, podríamos redefinir a dios y nunca a imagen y semejanza de los déspotas. Un dios de todos los colores, sexos y credos. No habría libros sagrados ni libros prohibidos pero sí nos instaría a reflexionar sobre el respeto que no requiere de simpatías ni guiños. Aspiraríamos a pensar más por nosotros mismos, a tener nuestros propios sueños y no los que nos venden los anuncios publicitarios. 

Pero esto es una quimera. Ningún poder real va a autoinmolarse a favor de un dios flojo y permisivo. Seguirán matándonos a su antojo y nos harán creer que lo hacen por nuestro bien, nuestros valores y nuestra propia existencia. Y de cada vez, caeremos en la trampa como si el mayor propósito de la humanidad sea tropezar siempre con la misma piedra.
Ingredientes (para 4 raciones)
  • 500gr. de pasta
  • 1-2 calabacines a tu gusto dependiendo del tamaño
  • 125gr. de jamón tipo york
  • medio vaso de vino blanco
  • ajo en polvo (o 2 dientes de ajo enteros que al final retirarás)
  • sal de especias
  • 3-4 cdas. de queso parmesano a tu gusto
  • algo de aceite de oliva
  • opcional: 3 cdas. de nata líquida para darle cremosidad al queso
  • algo de agua de la cocción de la pasta

Preparación:
  1. Cuece la pasta como siempre, en abundante agua salada hirviendo. 
  2. Mientras, en una sartén grande con algo de aceite de oliva, saltea los calabacines con piel, sin semillas y en trozos muy menudos. Añade el ajo en polvo y sal de especias a tu gusto.
  3. Añade el jamón cortado fino y el vino. Deja que reduzca un poco. Añade después el queso parmesano, la nata y un poco del agua de cocer la pasta.
  4. Por último, añade la pasta al dente y remueve con la salsa ya fuera del fuego.

Pastel de albaricoques con merengue o Marillenkuchen mit Baiserhäube

julio 06, 2024
estereotipo 
Del gr. στερεός stereós 'sólido' y τύπος týpos 'molde'.

1. m. Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.
2. m. Impr. Plancha utilizada en estereotipia.

Pues eso, que vivimos en un mundo super manido, sobado hasta el hartazgo y trillado hasta la caspa con eslóganes rapiditos y facilones para que todos  pillemos -lo que sea- a la primera y sin rechistar. Hay quien termina comprando que la Tierra es plana y quienes hacen una guerra santa a costa de la tortilla con cebolla o sin ella. Todo lleno de tópicos y de típicos. ¿Pero por qué? Pues por costumbre. 

Esto se ha hecho siempre. En la antigua Roma algunos emperadores, para darse más bola, encargaban a sus "historiadores" -así es como los conocemos hoy- que escribieran sobre ellos, sobre sus hazañas y las de sus antepasados. Las mentiras pastaban a sus anchas y a ver quién era el bueno que le llevaba la contraria a un emperador. 
Hoy, esas historias las estudiamos en la escuela como ciertas, mezclando muchas veces -o siempre- mitos y leyendas estereotipando tanto a los protagonistas, que los convertimos en héroes o villanos según convenga: desde El Cid a Teresa de Calcuta, pasando por cientos de personajes que nos los venden a granel para sentar cátedra y vendernos la moto -con sello eco, por supuesto- con el motor quemado y sin tubo de escape. Y así es como vemos el mundo, no a través de nuestros ojos sino de los fulanos que mueven los hilos. 

La Biblia, otro temazo. El levítico es un disparate por sí mismo al que no deberíamos darle credibilidad de ningún modo. De aquí es de dónde los más cerrados sacan eso de que la homosexualidad es una aberración, que las mujeres somos impuras por parir y menstruar así como otras lindezas... estoy recordando una película de Martin Sheen donde hacía de presi de los estates y le daba un repaso brutal a una estirada recordando que si tiramos de esa manta deberíamos también apedrear a los que siembran distintas semillas en un mismo campo -la menda sin ir más lejos, mi huerto es un tuti fruti del ocho- o quemar a tu madre por tejer con dos hilos diferentes o matar al que trabaje en Sabbat. Y aquí viene el cliché: los más obtusos afirman que los descreídos no sabemos leer ni interpretar estos textos y por el bien de la humanidad, deberíamos dejar de decir chorradas fuera de contexto porque para eso ya están ellos.
Y así es como nos han ido moldeando hasta hoy, todo acelerado con la llegada de la radio primero, de la tele después y más tarde con todo el boom de las requete pantallas para todos los gustos. Decía, que gracias al efecto tele-radiofónico nos han captado con mayor facilidad, con esos eslóganes subliminares a modo de "bebe coca-cola" y la información, que ahora vuela y en pocas horas queda caduca, nos tiene a todos el cuerpo y la mente saturados de modas, de cuotas, de cultura de la cancelación y la redefinición sistemática de lo políticamente correcto. Todo ello aceptado por la sociedad con carácter inmutable. 

Este pastel con frutas y un Häube de merengue es un clásico austro-germánico. El Imperio austriaco fue tan grande que dejó este Kuchen en herencia por toda Centroeuropa y con razón porque quien lo prueba se lo queda para siempre. Lo justo sería que lo tradujera con fidelidad: Pastel de albaricoques con gorra de merengue pero eso de por la gorra a mí como que no me convence, así que le he rebautizado como pastel con sombrero de merengue. 

Inicialmente, el bizcocho de este pastel era el mismo del pastel de grosella también con sombrero pero en mi afán de quitarle mantequilla a la masa ha quedado más ligera y por tanto la fruta se va al fondo. Tú elijes: con más mantequilla la fruta flota y con menos se hunde... eso sí, no lo sustituyas por aceite porque pierde la gracia además de ese toque europeo tan maravilloso.
Ingredientes:
  • entre 300-500gr. de albaricoques
  • 3 yemas de huevo XL
  • 100gr. de mantequilla blanda
  • ralladura de limón
  • 100gr. de azúcar
  • 150ml. de yogur o Sauerrham
  • un chupito de ron
  • 150gr. de harina
  • 50gr. de maicena
  • 1 cdta. de polvos de hornear

  • 3 claras de huevo
  • una pizca de sal
  • 200gr. de azúcar glas
  • 1 cda. de maicena

Preparación:
  1. Engrasa el molde y calienta el horno a 170ºC.
  2. Haz una crema suave  (con varillas eléctricas o procesador) con la mantequilla blanda, las yemas y la ralladura. Cuando esté esponjoso, añade el azúcar y el yogur (o Sauerrham). 
  3. A parte, mezcla el harina con la levadura en polvo y se lo añades a la crema. Vuelca la masa en el molde y coloca los albaricoques deshuesados y cortados en cuartos. Hornea el bizcocho unos 40minutos o hasta que está cuajado. Si ves que coge demasiado color, baja la temperatura. 
  4. Mientras levantamos las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Una vez montadas, añade el azúcar glas y la maicena poco a poco mientras bates hasta que quede bien tieso. 
  5. Cuando el bizcocho esté casi cuajado, cubre con el merengue y pon el grill un poquito (2 o 3 minutos dependiendo del horno y muy suave que se quema con mirarlo). Lo justo para que coja color dorado el merengue.

Torticas de queso y espinacas o Quarkkeulchen mit Spinat

mayo 29, 2024
empatía 
A partir del gr. ἐμπάθεια empátheia.

1. f. Sentimiento de identificación con algo o alguien.
2. f. Capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Hay empatías y empatías. Según su definición un fan -de lo que sea- se identifica con otro fan, un panadero con otro panadero y un coleccionista de sellos con otro coleccionista. Esto es normal, sin mérito y sin necesidad de desplegar sentimientos excepcionales. Dicho así, tan antiséptico, parece que este tipo de empatía colabora con el rechazo, y por poner un ejemplo, sería el cerrojo que hace que un fan del Madrid no lo pueda ser del Barcelona o un devoto de la tortilla con cebolla haga aspavientos y arcadas ante un fervoroso de los sincebollistas. 

La otra empatía, la necesaria, la que no es un mero adorno del ser humano necesita de algo más. No basta con oír, requiere de saber escuchar, acto estéril si el alma no se involucra porque cómo sentir el peso de una mochila ajena si el corazón no está en modo on, si está offuscado por temor a sufrir sin necesidad o simplemente se esconde de los sentimientos ajenos por lo que pueda pasar. He conocido a mucha gente en mi vida que se atora cuando el alma recibe demasiada información, siempre y cuando, ésta no sirva a su bienestar. Rodearse de alegría, de fiesta, de gente amable, desprendida; así qué fácil es ser empático, ¿verdad? 
Pero mirar de cara a la necesidad, la pobreza, la violencia, la injusticia o la atrocidad; qué jorobado es. Hay quién no puede, por lo que sea: por egoísmo, incapacidad emocional o simplemente por falta selectiva de información: si no lo veo, no existe; si no lo he vivido, no es real; si no me incumbe, no es mi responsabilidad. Y creo que así es como gente buena, termina mirando para otro lado y emperrándose en negar la mayor para no reconocer que los suyos, su gente, son responsables de atrocidades.

A veces tampoco vemos la diferencia entre compasión  y empatía. Y creo que deberíamos. Porque no es lo mismo. Porque para identificarse con el mal ajeno ya tenemos a la compasión, esa mezcla de pena y ternura más o menos generalizada que no impide que nuestra piedad sea caprichosa y solo se despliegue por simpatía o arrogancia. El señor de barrio bien que al salir de misa, le da dos monedas a un indigente y le reclama "pero no se lo gaste en vino, ¿eh?" ¿Eso es compasión o jactancia? ¿Petulancia? Sea lo que sea, no es empatía, es miseria social, falta de humildad moral y desamparo. 
Puede que sin empatía ninguna buena acción, sentimiento o predisposición valga la pena. No sé, lo estoy soltando sin refinar, sin pensarlo como es debido pero lo mismo sin ella, solo nos movemos por egocentrismo caritativo, solo para alimentar nuestras causas o los gestos que se nos antojan que quedan bonitos de cara a la galería. Puede que sea ella y solo ella quién nos permita identificarnos con aquellos que no nos caen simpáticos, con los que no tenemos nada que ver y estamos a años luz en cuanto a ideas y modos de entender la vida. Puede que sean necios, incultos o maleducados pero aún así, solo ella tendría la llave para desplegar en nosotros, la capacidad de compartir sus sentimientos.

Esta es una receta muy germana, con queso quark (Topfen) que es tan sano y rico. Genial para una cena ligera o un desayuno de domingo. Y muy importante: receta rica en proteínas y en omega3.


Ingredientes:
(La receta la encontré aquí)
  • 250gr. de queso quark 
  • 2 huevos
  • 60gr. de harina de espelta
  • sal de especias y pimienta
  • 50-60gr. de queso gouda rallado
  • 75gr. de espinacas frescas
  •  algo de aceite de oliva para la sartén

Preparación:
  1. En un bol, mezcla el queso quark con los huevos. Añade el harina, sal y pimienta. Por último incorpora el queso rallado y las espinacas.
  2. En una sartén, con un poquito de aceite de oliva, fríe las torticas. Para ello, pon una cucharada de masa en la sartén y la aplastas un poquito. Fríe a fuego medio.

Ensalada de patata y pimiento asado de Forges

mayo 22, 2024
engañifa
1. f. coloq. Engaño artificioso con apariencia de utilidad.

Estas patatas no son lo que yo creía cuando las compré; eran tan bonitas, de piel tan fina y limpia... nada, que me entraron por los ojos y tras comprobar que eran aptas para ensalada -así es, aquí en Austria hay tres categorías: puré, ensalada y acompañamiento- me las empaqueté y pa'casa. Fue cocerlas, empezar a pelarlas y las muy canallas comenzaron a deshacerse en mis manos. Eran de puré, harinosas como las orejas de un molinero e insaciables como una bandada de mosquitos en vacaciones, porque por mucho aliño que eches, las muy rastreras se empeñan en dejar los gaznates secos como pasas.

Pero la engañifa fue a más. Aproveché y asé varios pimientos tipo morrón, casi dos euros pagué por cada individuo y resultó que estaban más sosos que un pan sin sal, una pechuga de pollo de hospital o algo peor. Gracias a dios, el aliño se salvó: aceite de oliva cordobés y vinagre de Jerez porque no todo van a ser desgracias.
Y es que estaba emperrada con esta ensalada desde el momento que se la vi a Carlos Dube que tuvo a bien rescatarla de entre las viejas recetas de su madre y que ella, a su vez, tuvo a mejor tomar nota cuando la escuchó en la radio del gran Forges y  hace de esto más de 40 años. Soy fan del excelentérrimo Forges de toda la vida. Recuerdo a mi padre llorar de risa con sus viñetas y eso que no dejaba puntada sin hilo, con ese humor ácido, agrio y hasta amargo que con tanto talento retrataba a la especie española tan consagrada en cuerpo y alma en jorobar al vecino, siempre con la escopeta cargada para lo ajeno y de piel fina para lo propio.

Y nos pintaba de tal guisa que hasta nos cogíamos cariño a lo "si es que hay que quererlos, coila" y ese hueco se nota porque desde que no está somos más viles e incluso, diría yo, que hasta más imbéciles. Si cabe, claro, porque yo ya no sé y ya no tengo cuerpo para casi nada. Pero para estas ensaladas sí, siempre, que no falten, sin importar si son de filfa o pura engañifa, porque a algo hay que agarrarse y ya que hoy es imposible creer en dios, en la humanidad ni en la ciencia -hace unas cuantas recetas atrás ya te hablé del engañabobos de los "estudios refutados afirman que"- pues decía, que a falta de credo yo me acojo al santo Omega3 al que como un penitente en semana santa, me encomiendo para conseguir ser más feliz o más naif o más nefelibata o cuando menos, aspirar a ser o estar menos chunga.


Ingredientes:
  • 2 patatas medianas por persona
  • 2-3 pimientos rojos a tu gusto
  • 1 cebolleta a tu gusto
  • aceitunas negras
  • aliño: comino, 1 ajo, aceite de oliva, vinagre (mejor de Jerez) y sal

  1. Cuece las patatas en agua con sal. Las pelas, las cortas y dejas que enfríen.
  2. Asa los pimientos al horno (180ºC) con un poco de aceite de oliva. Deja que enfríen y les quitas la piel.
  3. Haz el aliño machacando el ajo y el comino, añadiendo luego el aceite, el vinagre y la sal a tu gusto.
  4. Monta la ensalada con todos los ingredientes y añade el aliño.

Ensalada mediterránea de garbanzos y pimiento asado

mayo 06, 2024
culpa 
Del lat. culpa.

1. f. Imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta. Tú tienes la culpa de lo sucedido.

2. f. Hecho de ser causante de algo. La cosecha se arruinó por culpa de la lluvia.

3. f. Der. Omisión de la diligencia exigible a alguien, que implica que el hecho injusto o dañoso resultante motive su responsabilidad civil o penal.

4. f. Psicol. Acción u omisión que provoca un sentimiento de responsabilidad por un daño causado.

¿Por dónde iba? En la sopa caprichosa lo dejé todo un poco difuso. Me vendo a mí misma la moto de lo importante que es sacarlo todo para así ordenar mi caos pero lo cierto es que estoy dando un rodeo del ocho al asunto. Terminé la entrada anterior dando dos motivos por los que no quiero hacer terapia aunque lo cierto es que hay un tercero: y ese es Gü porque con él empezó todo.

Me sabe mal culparle porque al fin y al cabo es lo que hizo conmigo durante mucho tiempo. Antes de llegar los ataques de pánico, él sentía que todo lo que le pasaba era por mi causa; que su vida era una renuncia continua, que tenía que hacerse cargo de todo, que si yo estaba enferma, que si el niño, que si mi hijo mayor, que si su madre, que si el trabajo... en fin, una retahíla tras otra de ques que nos tenía cada día más en las antípodas.  De hecho, al poco de estar de baja y regresando de ver al psiquiatra, me dijo que le había avisado " Sr. Nobis, hágase a la idea de que tendrá que hacer cambios en su vida" y me dijo: "Así que ya sabes, hazte a la idea". Le contesté que eso no iba conmigo, que los cambios eran su tarea y no la mía. Claro que me afectaba, todo lo que estaba pasando me maltrataba el alma y lo más complicado de gestionar era la impotencia, el no poder cambiar las cosas porque no era mi batalla. Yo era su acompañante en esa locura pero no la causa porque lo que no supo ver es que él no era víctima mía sino de sí mismo.
Pero esa culpa ya la tenía yo tatuada aunque sin saberlo, como esa flor de lis que se marcaba en las malas mujeres. Estuvo dos años y medio en casa, haciendo mil terapias, teniéndome de perrito faldero, enfermera, confesora y hasta de thermomix, sin preguntarse en ningún momento por el desgaste que eso conlleva. Es cierto que no podía, su área de confort era sofá, ordenador y tablet. Ahí se refugiaba de sus fantasmas y de hecho, tantos años después sigue haciendo lo mismo. 

Recuerdo que un día llegó de terapia diciendo que había perdido la felicidad, que tenía que encontrarla y eso era difícil en sus circunstancias. Y ahí me tocó el moño. Le dije que la felicidad estaba donde había estado siempre: al otro lado del sofá, con mi hijo pequeño enroscado en mis brazos que como cada tarde después de cenar y antes de ir a la cama, teníamos un ataque de besos (küsselnattack), un masaje pizzero (pizzamassage), otro meteorológico con lluvia, calor o fuertes vientos sobre su espalda que nos hacía partirnos de risa.
Y así es como la culpa se volvió invisible e indolora porque pude cargar con su caos siendo a todos los efectos la única responsable. Soy mujer de carácter, de esas que dicen que tonterías las justas, de las que nunca borran la sonrisa y se emperran en ser felices a diario. Si lograba que el día empezara y terminara entre sonrisas, malo, porque era insensible.  Si terminábamos entre lágrimas, también malo, porque mi hijo pequeño sufría mucho, porque mi frase de "por favor, déjalo" la acuñó también y porque siempre me sentí responsable por no detener a tiempo las ondas expansivas que tanto daño y agotamiento dejaban a su paso. 

Tantos años después, no he logrado superar ese cansancio emocional que ha ido creciendo atrapada en una ciudad que nada me aportó en los malos tiempos, con mis soledades al alza año tras año, una vida sin recompensas por pequeñas que sean: un regalo sin venir a cuento, una invitación a cenar o una cerveza un sábado a la noche... salir a cenar ¿para qué? si tú cocinas más rico. ¿Una cerveza en el centro? ¡qué pereza!. ¿Un regalín de vez en cuando? el último fue el día de los enamorados que vino con tres (sí, tres) bomboncitos y me dijo "por no venir con las manos vacías". Por mí, se tomó la molestia de entrar en la bombonería pero no fui razón suficiente para pagar por una caja. Me sentí culpable por las ganas que tuve de tirar los bombones por la ventana. Y me sentí culpable por no haberlo hecho.


Ingredientes:
  • 150gr. de garbanzos por comensal
  • 1-2 pimientos rojos asados (a tu gusto)
  • 1 tomate
  • unos tomates secos a tu gusto
  • queso de oveja blando o tipo feta
  • aceitunas a tu gusto
  • aliño: hojas de albahaca fresca, pimentón, sal, pimienta, aceite de oliva y vinagre de vino

Preparación:
  1. En una ensaladera, pon los garbanzos junto con el resto de ingredientes menos el queso en las cantidades que más te gusten.
  2. Tritura el aliño hasta que las hojas de albahaca estén bien finas. Mézclalo con los ingredientes de la ensalada.
  3. Termina poniendo trocitos de queso por encima.

Sopa alemana de puerro con albóndigas

abril 30, 2024
pensamiento

1. m. Facultad o capacidad de pensar.

2. m. Acción y efecto de pensar. Suspender el pensamiento.

3. m. Actividad del pensar. Los comienzos del pensamiento occidental.

4. m. Conjunto de ideas propias de una persona, de una colectividad o de una época.

5. m. Frase breve y de tono serio, que refleja una idea de carácter moral o doctrinal.

6. m. Propósito o intención.

7. m. Planta herbácea anual, de la familia de las violáceas, cultivada en jardín, con flores de cinco pétalos redondeados y de tres colores.

8. m. germ. bodegón (‖ establecimiento donde se ofrecían comidas).

No sé tú, pero para mí poner palabras a los pensamientos es un ejercicio obligado para ordenar esas piezas del puzzle emocional que mi cerebro debe gestionar quiera o no quiera. Con mucha frecuencia me abruman en exceso y tiro por la calle del medio; la del sueño. Llevo meses que sería capaz de dormir el día entero sin desvelos y sin cambiar el sueño. Hace ya mucho tiempo que dejé atrás el insomnio. Ahora duermo en plan marmota para descansar de la fatiga física, emocional y creo que para no afrontar el día a día. Mientras duermo, todo se pospone, hasta mis pensamientos. 
Me siento bajo mínimos, lenta y pesada dentro de mis rutinas. El día pasa volando pero mis movimientos son los de un caracol. Las emociones me abruman con cualquier cosa; pasa una mosca y yo me echo a llorar; pierdo los nervios constantemente, por dentro y por fuera; me enfado conmigo misma porque me estoy volviendo chillona. Me paso el día entero o ausente y callada o levantando la voz y pidiendo perdón por hacerlo. Se me hace una bola infumable en el estómago y no me aguanto a mí misma. 

Así es cómo voy tirando, con un refrito de sensaciones que acumula mi pobre cerebro, mezclando sentimientos, estridencias y pesares, algunos importantes y otros no tanto, pero ahí está él intentando mediar en todo para que el cuerpo no se rinda mientras yo misma me saboteo.

Por eso, cuando hablamos o escribimos, al ordenar los pensamientos, la mente encuentra algo de consuelo, cuando menos, algo de paz bajando las revoluciones y el alboroto interior. La psicóloga de Günter, hace años cuando comenzaron la terapia, le preguntó por cómo hacía yo para llevar todo lo que estaba pasando en casa: "tiene un blog; cocina y escribe". Menos mal, dijo ella. Es verdad, menos mal porque cuando las cosas se ponen feas, me aferro al blog mezclando letras y cacerolas en plan rollo vital, buscando un motivo para levantarme, estar activa, para salir a la calle a comprar un ingrediente o un trapito nuevo que los demás ya están muy vistos. 
Y es por eso que he decido airear todo esto en el blog, para que duela menos y de paso poner orden en todo lo que sé de mi proceso, de cómo he llegado aquí. Ya adelanté algo en la entrada anterior, porque nunca hay un solo motivo, aunque sí detonantes que hacen que todo se vaya al carajo, pero las cosas siempre se las ve venir de lejos perfectamente. Lo que no sé es si estos ciclones son imparables o simplemente la pasividad nos gana la partida. 

Sea como sea, aquí estoy sin querer ir a terapia por dos razones: una, me niego a hacerla en alemán, bastante frustrante es la vida del expatriado manejando un idioma que me hace sentir como si fuera retrasada. Si ya es complicado expresarse uno en lengua madre, pues imagina en un idioma que obliga a quitarle las preposiciones a los verbos y soltarlas al final de la frase... ¡venga, hombre! cómo si me pudiera acordar si me tocaba un ein, un aus o un auf... o algo peor. Ay no, paso.

Y la segunda razón, porque lo que me queda es la terapia online y no me apetece nada de nada. NADA. No me siento perdida. No tengo ningún melón que ahora mismo quiera abrir vía Zoom. Estoy agotada y rendida. Me faltan estímulos, recompensas y vías de escape. Me siento atrapada y sin fuerzas. Así que antes de tirar la toalla, quiero intentarlo a mi manera, soltándolo todo fuera y luego ya se irá viendo. 

Es verdad que la terapia en el pasado me vino genial, ví cosas que no veía y eso me dio paz y un objetivo. Esta vez es diferente. Puede que sea una etapa de la vida por la que todas las señoras menopaúsicas con síndrome de nido vacío pasamos. Puede. En cualquier caso, el blog ha sido siempre mi mejor terapia y por lo que sea, es a él al que acudo buscando paz. Estoy en un momento en el que necesito recobrar el control de mi vida, de mis emociones; bajo ningún concepto, estoy para escuchar, entre el ruido que tengo a mi alrededor, las retahílas a lo "no debes..."  "deberías..." "tendrías que..." "lo peor que puedes hacer..."

Esta sopa es caprichosa, teníamos mucho calor y de repente nevó. De nuevo mucho calor y ahora acecha lluvia para los próximos días. Estos dramas meteorológicos son mejores con sopa. La sopa, popularmente se hace con carne picada pero me dio el punto y le hice pelotas. Como te digo, caprichos.

Ingredientes para las albóndigas:
  • 500gr. de carne picada (mezcla)
  • 1 huevo
  • miga de pan mojada en leche
  • cebolla frita
  • salsa worcester
  • un poco de mostaza
  • Sal de especias
  • perejil o cebollino picado
  • harina integral para rebozar

Ingredientes para la sopa:
  • 1 puerro 
  • 2-3 patatas grandes
  • 2 zanahorias
  • 1 vaso de vino
  • 2 vasos de caldo de carne ( sin llegar a cubrir)
  • 200 ml. nata líquida 
  • 2-3 quesillos (tipo la vaca que ríe o tranchetes en su defecto)
  • mejorana (orégano en su defecto)
  • pimienta 

Preparación:
  1. Mezcla los ingredientes de las albóndigas, haz bolitas del mismo tamaño y las rebozas en la harina.
  2. En la cazuela, con un poquito de aceite de oliva, las rehogas y dejas que se doren sin mucho aceite (necesitarás dos tandas).
  3. La misma cazuela y en el aceite sobrante (si has echado más aceite para freír la carne en lugar de dorarla, deberás quitar aceite) rehoga primero el puerro y luego las patatas y la zanahoria cortada en trozos menudos.
  4. Cubre con el vaso de vino, luego el caldo, la mejorana y deja que cueza a fuego bajo unos 30minutos.
  5. Añade el queso, la nata líquida y salpimienta a tu gusto. Deja que ligue el caldo unos 5 minutos a fuego lento.


Ensalada de judías, atún y pimientos asados

abril 25, 2024

esplín 

Del ingl. spleen 'bazo', 'melancolía', este del lat. splen, y este del gr. σπλήν splḗn.

1. m. Melancolía, tedio de la vida.

Tercera entrada consecutiva que hablo del cortisol alto. ¿Por qué? porque enfermedades -mejor dicho, patologías- aparte, el estrés, la depresión y la ansiedad convergen irremediablemente en este pozo que arrastra a nuestra microbiota -la flora intestinal- en una relación malsana que nos aplasta el poco ánimo que nos queda. Primero en este post y después en este otro, he venido poniendo un poco de contexto en la relación existente entre los estados depresivos y/o de estrés con nuestros dos cerebros.

Mira, estos son los síntomas del cortisol alto: aumento de peso, dolor de cabeza, problemas de concentración, fatiga, acné, facilidad para los moratones y dificultad para cicatrizar arañazos o heridas, dolor y debilidad muscular, irritabilidad, tensión alta, taquicardias... y alguna cosilla más. ¿A qué te suena? Pues a todas esas cosas que llevan a romperte, a los ataques de ansiedad, al "no puedo con mi vida" como eslogan.
A mi madre la recuerdo de siempre con esplín, silenciosa y apática. Se pasó el embarazo de mi hermano pequeño sentada en el viejo sillón de orejas del comedor, delante de la tele con sus cafés y cigarrillos -eran otros tiempos, no la juzgues-. Cuando me reencontré con Mila -nuestra querida Mila- le pregunté si en Daimiel mamá también era así. Me dijo que sí, que pasaba de días muy activos y alegres a no poder levantarse de la cama. 

Nunca le diagnosticaron depresión porque jamás se trató ni cuidó de su salud. Eran tiempos donde la depresión era de débiles y ella no lo fue porque estuvo en guerra civil consigo misma probablemente su vida entera. Perdió un hijo muy jovencito con una agonía larga y horrible, y estuvo a punto de perder también a Luisfer, que a día de hoy sigue luchando con las secuelas de aquel cáncer raro que padeció y que entre otros rotos, le ha dejado con la depresión por estandarte y viviendo con él en modo pensión completa.

A mi hijo mayor también le susurran los estados depresivos con demasiada frecuencia. Los malos hábitos, un padre canalla y desaparecido, y sobre todo -eso creo yo- la soledad le tiene maltrecho. Siempre huyendo de sus fantasmas refugiándose en costumbres que no le hacen bien. 
Y Günter, el penúltimo en llegar a mi vida, estuvo roto y de baja dos años y pico. Diagnóstico: burnout y estrés acumulativo que terminó en una depresión severa. Tantos años después sigue con la medicación porque le sienta bien y continua visitando a su terapeuta y al psiquiatra un par de veces al mes. Vivir con una persona como él, es muy complicado: un tipo muy muy inteligente, de mente matemática, llena de números, fórmulas y conocimiento pero con una inteligencia emocional subdesarrollada que ha tejido una dependencia afectiva conmigo que me ha dejado agotada. 

Muchos años dando, sin recibir recompensas; 20 años lejos de mi mundo y de mi hijo mayor en una ciudad que tantos años después sigo sin sentir mía, sin raíces ni arraigo. Sola, así me siento. Y aunque lo vi venir, y aunque avisé de mi agotamiento emocional, y aunque me quejé hasta el aburrimiento pidiéndole más cariño, más implicación... pidiéndole que me quisiera más y mejor, no por dentro sino por fuera, que se vieran esos afectos cuando se necesitan... pues ya ves, aquí estoy delante de esta ensalada requete Omega3, sorbiéndome los mocos y centrada en ver como salgo de ésta. Te seguiré contando porque ahora que he empezado, no lo voy a dejar a medias.

Ingredientes:
  • 500gr. de judías blancas cocidas
  • 2 pimientos rojos para asar
  • 3-4 dientes de ajo
  • 1-2 latas de atún (dependiendo del tamaño)
  • 1 huevo duro
  • aceite de oliva, sal y vinagre de vino
  • opcional: unas rodajas de tomatitos para decorar

Preparación:
  1. Asa en el horno (unos 170ºC) los pimientos rojos y los ajos con un chorrito de aceite de oliva. Una vez que enfríen, los pelas.
  2. Prepara el aliño con los ajos asados (estarán muy blanditos y los puedes aplastar con un tenedor) aceite de oliva (o del atún si es en este aceite) vinagre de vino y sal a tu gusto. 
  3. En una fuente monta la ensalada: mezcla las judías, los pimientos troceados y el aliño. Añade el huevo duro cortado en trocitos y el atún. Puedes decorar con unas rodajitas de tomates cherry.

Tarta pan y queso

abril 18, 2024
estímulo 
Del lat. stimŭlus.

1. m. Agente físico, químico, mecánico, etc., que desencadena una reacción funcional en un organismo.

2. m. Cosa que estimula a obrar o funcionar.

3. m. desus. Vara con punta de hierro de los boyeros.
Pongamos que hablamos de nuestro cuerpo; queramos o no, tenemos un montón de estímulos, internos y externos, que nos traen y nos llevan por la vida. Esto no sé si tendrá algo de científico pero creo que sin ningún tipo de estimulación seríamos vegetales. O algo peor porque te aseguro que mis amiguitas enmacetadas reaccionan a mis cuidados y a veces les va la vida en ello. Por lo tanto, vamos a dar por buena la necesidad de nuestro cerebro a la hora de recibir stimŭlus y procesarlos convenientemente para mantener la maquinaria vital en buen funcionamiento. 

Muchos de estos estímulos, una vez procesados por nuestro cerebro, nos los devuelve en forma de emociones que a su vez activan nuestras respuestas genéticamente y por medio de un proceso algo tedioso para una chica de letras como yo, termina tocando la fibra a nuestras células que reaccionarán dividiéndose en contentas o rabiosas. Si tenemos en cuenta, que la felicidad no es ni más ni menos que una interpretación de nuestras emociones, pues dependiendo de la estimulación a la que estemos expuestos, seremos más o menos felices.
Y ahora, con toda la razón, te preguntarás a qué viene esta exposición tan retorcida del concepto "buen rollo" y "mal rollo". Pues mira, me alegro que me hagas esta pregunta porque piensa por un momento: ¿Qué pasa con la sobreestimulación a la que estamos sometidos? ¿Cómo se las arregla nuestro cerebro con este aluvión de estímulos? 

Pues muy malamente. La tecnología y el mundo digital nos ha roto todos los esquemas. Literalmente, el cuerpo no tiene tiempo para adaptarse y recibe a diario sobredosis de estímulos e información. Muchos de ellos, además, son pura filfa, fakes, patrañas que no llevan a ningún sitio: miedo al fin del mundo, a una crisis apocalíptica económica, bélica, energética, pandémica y un largo etcétera de desastres que nos tienen en vilo. 

Y filfas a parte, las cosas no mejoran: estamos expuestos a la sobrepoblación, al mega ruido, al jaleito constante a nuestro alrededor, el móvil siempre vibrando con notificaciones... el whatsapp, el muy canalla siempre al pie del cañón esperando una respuesta rápida o te cargas a la mitad de tus amistades. No hay quién lo aguante y nuestro cerebro se satura. Tanto, que nuestro sistema de defensa, que no entende de fakes, se cortocircuita y segregamos a lo bestia cortisol, la hormona que combate el estrés. 
El cortisol nos ayuda a mantener saludable el metabolismo y el sistema inmunológico pero como le tenemos por las nubes y loco perdido pues se desmadra: debilidad muscular, fatiga, humor de perros, problemas de concentración, tensión arterial alta... ¿Te suena? Y el estómago, que es nuestro segundo cerebro, se apunta a la fiesta: gases, colón irritable, dolores e intolerancias. Éste es el cuadro con el que breamos a diario cada vez más gente. 

Pero ¿qué podemos hacer? Pues en la próxima entrada te voy a hablar más del cortisol y del roto que nos hace en la flora bacteriana. Y para no ir de catastrofista y subirte el cortisol más -si cabe- te traeré una receta y consejos para mantener al susodicho a raya. 

Hoy te dejo con esta maravillosa tarta de queso y pan, facilona y riquísima que se la vi a Belén en su maravilloso blog, El toque de Belén. Originalmente es con pan de molde pero me venía mejor con panecitos de leche que tenía que gastar, por eso he reducido el azúcar respecto a la receta original. Un gustazo de receta.


Ingredientes:
  • 4 huevos XL
  • 125 gr. de azúcar
  • 500 gr. de queso quark ( o de untar desnatado)
  • vainilla
  • 250ml. de leche
  • 200gr. de panecitos de leche o pan de molde en trozos
  • 1 cdta. de polvos químicos tipo Royal
  • Mermelada a tu gusto

Preparación:
  1. Pon a remojar el pan en la leche. Reserva.
  2. Precalienta el horno a 150-160ºC(dependiendo del horno).
  3. Bate, con ayuda de unas varillas, el azúcar y los huevos. Cuando estén esponjosos y hayan aumentado el doble su tamaño, añade el queso quark y la vainilla.
  4. Cuando tengas una masa sin grumos, le añades la miga de pan mojada y desleída junto con los polvos de hornear. Hornear hasta que veas que la tarta está firme y cuajada.
  5. Deja enfriar por completo. A la hora de servir, que cada comensal se añada la cantidad de mermelada deseada. 
 
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